miércoles, 20 de julio de 2016

El agostero

Ya va saliendo el sol. Hoy también será un día de bochorno. Este calor me recuerda al sofoco que sentía en Nador. Pero entonces no llevaba las albarcas, entonces llevaba las botas. Y en vez de la hoz el mosquetón.

Pero de eso ya hace dos años. Me licenciaron y vuelta a Castilla.

Gracias a Federico estoy aquí. No sé nada de ovejas y no quise darle problemas a mi hermana. Y mi hermano sigue en Ifni en la guarnición permanente. Me licenciaron poco después de su toma, con mi edad ya no permiten estar en los regulares.

Federico me tiene como agostero. He de agradecerle que me haya ajustado, ésta es la tercera siega. Y cuando termina la siega me llama de vez en cuando para que pueda darles de comer a mis cuatro. El pequeño, con tres años, necesita muchas atenciones. Mi hermana también me ayuda, nunca nos falta leche. Y su queso es el mejor. Siempre tiene un trozo para nosotros.

¡Qué calor va a hacer hoy! Pero seguro que menos que en África.

Añoro aquella vida. Si hubiera una refriega…

Ayer me dijo mi hermana que en la radio han dicho que están matando en Madrid. Han matado a Castillo y han respondido matando a Calvo Sotelo. En África los ánimos estaban muy encendidos cuando me vine. Estas muertes pueden provocar que algún general imite a Mola.

Ya le he dicho a mi hermana: “Si dan un golpe de estado manda a alguien con el recado, que me voy a Madrid, es la única posibilidad que tengo de dejar esta vida rastrera que tengo.”

Ya viene por allí la cuadrilla. Es hora de empezar el día y seguir segando.

Si hubiera una refriega volvería al ejército, ascenso a sargento, mandar en vez que me manden…


Si hubiera una refriega…

miércoles, 22 de junio de 2016

Gris

Gris

Niebla, lluvia, viento.

Gris.

Frío, helada, escarcha.

Gris.

Cana, presbicia, flacidez.

Gris.

Menopausia, estéril, seco.

Gris.

Ceniza, polvo, escoria.

Gris.

Araña, lero, tela.

Gris.

Nube, viento, invierno.

Gris.

Dolor, artrosis, cojera.

Gris.

Cuernos, mentiras, engaño.

Gris.

Tristeza, melancolía, nostalgia.

Gris.

Recuerdos alegres, recuerdos de lozanía, recuerdos de juventud.

Gris.

Desesperación, abandono, desidia.

Gris.

Futuro, presente, dudas.

Gris.

Salud, dinero, amor.

Gris.

Gris.

Gris.


jueves, 12 de mayo de 2016

Mañana vuelvo

Un año más puedo ir y gritar:
¡Viva el Santísimo Cristo de los Pastores!


Mañana vuelvo. Y ya ha pasado un año.

Hace años iba más veces. Sobre todo en verano. Pasaba una quincena en la casa de mis padres, la arreglaba, retejaba, quitaba las humedades…

Ahora ya sólo para la fiesta.

La casa ahora la mantiene mi hija. Ella va durante el verano con sus hijos. Ella es ahora la que pasa una quincena en el pueblo.

Yo no puedo ir tanto tiempo. No puedo quedarme lejos de mi centro de salud. No me atrevo. Solo no puedo ir y si está mi hija no quiero hacerlo para no estorbar.

Pero en el Cristo es diferente. Sólo tengo esa relación con el pueblo. Sólo son dos días. Mi hija hace el esfuerzo de ir para que yo también vaya. Siempre cae en época de exámenes y sé que sus hijos se esfuerzan por ir y aprobar.

Mañana dormiré de nuevo en el pueblo. ¿Cuántos noches más me dará tiempo a dormir?

Dormiré en la casa que me vio nacer, pero no en la que me verá partir.

Ahora ya no se muere en las casas. Mi padre murió en su casa. Atendido por mi madre. Le ayudaban mis hermanos, los que se quedaron en el pueblo. Los que estábamos fuera sólo ayudábamos un poco cuando íbamos, unos más, otros menos.

Mi madre no murió en su casa, murió en casa de hermana pequeña, pero en el pueblo. Coincidió así. Murió el mes que me tocaba tenerla a mí. Le dio trombosis y duró diez días. Si hubiese aguantado una semana más sin caer enferma le hubiese dado en mi casa y hubiese muerto en el hospital. Como me tocará a mí.

Mañana son los toros, como siempre. Intentaré bajar a la plaza a asomarme. Dice mi hija que le han dicho que este año pondrán vallas alrededor de toda la plaza. Siempre encontraré un hueco para poderme asomar.

Pero antes iré a las Vísperas. ¿Qué coro traerán este año? Seguro que el mismo que el año pasado. Creo que se llama “Alonso Lobo”. Son de Cuenca y cantan muy bien. Me sentaré en los bancos de los hermanos. ¿Cuántos faltarán este año? ¿Cuándo faltaré yo?

Y por la noche el Credo. Si hace frío, y lo hará, yo no me muevo de mi casa. Y la pólvora la veré desde la ventana de la cámara. Como ahora la hacen en la piscina la puedo ver muy bien. Antes la hacían en el Coso, en la Cávila… Pero entonces yo era más joven.

Lo que no me perderé será la misa el domingo. Tengo que ir pronto, si no no me quedará sitio en los bancos de los hermanos. El cura también es viejo, pero está bien. Un poco pesado se pone ya… Cuando ve la iglesia llena se anima a dar sus consejos y todos los hermanos nos miramos con una sonrisa de complicidad.

Y luego a saludar en la subasta a todos los que vayan. Cada vez va menos gente. Normal, nos vamos muriendo… Y los que viven fuera van perdiendo la tradición. El año pasado me cansé mucho en la subasta, pero bajaré.

Sobre las ocho pasará la procesión por mi casa. Un año más. ¿Cuántos años más podré abrirle yo la puerta?


Desde mi casa a la iglesia acompañaré al Cristo. Y de nuevo, como hago desde hace años, me despediré de Él en la puerta mientras suena el himno de España. 

Lloraré. ¡Seguro! Siempre me pasa, pero aun con el ahogo de la emoción, cuando el himno acabe gritaré: “¡Viva!” cuando griten “¡Viva el Santísimo Cristo de los Pastores”.


sábado, 30 de abril de 2016

Paga a fin de mes

Paga a fin de mes.
Mentiras para toda una vida.


Fin de mes. En la cuenta está la nómina, abonada ayer. Los préstamos ya están pagados. Queda suficiente para la tarjeta, que la cargarán mañana. Este mes no me cobrarán la comisión.

Un mes más. Una nómina más. Una mentira más.

¡Un trabajo para una vida mejor!

¿Una vida mejor para quién?

¿Para quién me vendió el piso en la cresta de la ola inmobiliaria?

¿Para el directivo del banco que me clavó la cláusula suelo al 4%?

¿Para los directivos de la multinacional que cobran el bonus a cambio de venderme un coche engañándome con su índice de no contaminación?

Una vida mejor…

Me siento parte de un ganado que los pastores vigilan mientas lo apacientan en las verdes praderas de la mentira social, de las promesas de felicidad, del espejismo de una vida mejor que tenemos al alcance de la mano cuan zanahoria guía un burro.

Una vida mejor… Una mentira más… Una promesa más…

Mientras. Los políticos nos prometen pagas por no trabajar, casas gratis, comida a hartar, vacaciones en la playa… Promesas para que el ganado siga paciendo, engordando las cuentas de los pastores que los vigilan.

Hago recuento de los momentos felices que me ha proporcionado ese apunte en la cuenta en el lado del haber. Termino pronto.

Un mes de trabajo. Como todos los asalariados.

Unos dejándose los ojos en una pantalla que no daña la vista.

Otros tratando con niños o adolescentes, esos dulces angelitos que consiguen encontrar nuestro lado más hosco, por muy escondido que esté.

Otros vendiendo productos que quien los compra no los necesita, pero les crean la necesidad, les ponen el lacito rojo y a hacer caja.

Otros mintiéndonos con las bondades de un ordenador, de un móvil, de un coche… ¡Vendiéndonos la moto con los argumentos que el buen pastor les ha preparado!

Otros… Otros y tantos otros paciendo mientras siguen al artificial holograma de una vida mejor… ¡Mejor sólo para quien lo ha diseñado!


Pero en fin… Es fin de mes. En la cuenta está la nómina abonada ayer. Préstamos pagados. Queda suficiente para la tarjeta y mañana podré seguir usándola para sentirme bien.



viernes, 22 de abril de 2016

22 de abril de 1616

Cervantes y Shakespeare.
¿Se fueron de este mundo de la mano?


¡Ay! ¡El tiempo y la forma de medirlo!

La ventaja de estar aquí es que el tiempo no es algo tangible. Aquí el tiempo simplemente no es.

Por eso estos días, terrestremente hablando, estoy viendo, no en el sentido literal, claro está, las disputas sobre las celebraciones por el cuatrocientos aniversario de mi muerte, comparándolas con las organizadas por los ingleses con motivo del también cuatrocientos aniversario de la muerte de mi buen amigo Shakespeare.

Ambas celebraciones van casi al unísono.

En mi partida de defunción aparece que mi óbito ocurrió el veintidós de abril de 1616.

Los ingleses fechan la muerte de mi amigo el veintitrés de abril de 1616.

Pero yo le vi llegar once días después de mi llegada a este mundo…

¿Dónde estuvo mientras?

¡Ay! ¡El tiempo y la forma de medirlo! Los hombres somos unos seres muy curiosos…

Cada año, al ver las dos celebraciones juntas, a mi alma (o sea, yo, porque cuerpo no tengo) se le marca un sonrisa digamos que sarcástica.

Mi buen amigo vivió once días más que yo en aquel mundo y siguen recordando ambas muertes como si hubiesen ocurrido una al día siguiente de la otra.

En Castilla ya era mayo cuando Shakespeare exhalaba su último aliento en la húmeda Inglaterra, pero allí, en sus iglesias, la fecha era 23 de abril.

¡Ay los hombres y sus conveniencias!

El papa católico que promulgó la bula por la que se cambiaba el calendario la publicó en 1582, después que Luis Lilio enviara un manuscrito explicando por qué la Pascua de Resurrección cada vez se anticipaba más debido a que la primavera con los años cada vez llegaba antes, ocurriendo en aquel entonces a primeros de marzo.

Cuando el cambio del calendario ocurrió yo vivía en Madrid, o malvivía… La verdad es que tampoco he de quejarme, el amor, aunque con cuernos de por medio, no me faltaba. Por aquel entonces comencé a escribir la primera obra que publiqué, “Primera parte de La Galatéa, dividida en seis libros”, de cuyo éxito inicial no quiero acordarme…

El caso es que los ingleses, al ir su credo por otros lares, decidieron que eso del cambio del calendario era una tontería y no admitieron la bula del papa. ¿Quién era él para darles órdenes? ¡Y no lo instauraron hasta ciento setenta años después! Estos ingleses siempre han sido muy especiales…

A mi colega la guadaña de la muerte le concedió once días más. Expiró un veintitrés de abril según el antiguo calendario juliano pero un tres de mayo según el gregoriano.


¡Ay! ¡El tiempo y la forma de medirlo!

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viernes, 8 de abril de 2016

La firma

Tu firma te representa en documentos escritos.
¿Es sincera tu firma?


¡Qué cara me ha puesto!

¡Y la vergüenza que me ha dado!

He de controlar mejor mis reacciones…

La verdad es que me ha parecido curiosa su firma. ¡Curiosa por decir algo! Ver a un señor de unos cincuenta años firmar con su nombre y una simple rúbrica me ha parecido raro y, digamos, gracioso.

¡Si parecía la firma de un niño de cinco años!

Y no he podido reprimir mi comentario. “Firmar en el aparato éste de digitalización es difícil, fíjese en que firma le ha salido. ¡Si parece la firma de mi hijo que tiene cinco años! ¿Quiere cambiarla?”

¡Cómo me ha clavado los ojos! Mi sonrisa se ha congelado. Se ha convertido en una mueca grotesca. ¡Esos ojos negros clavados en los míos, ese gesto serio…!

Y me ha dicho: “Prefiero ser un niño de cinco años y tener la ilusión de los cinco años, a esconderme detrás de una imagen artificial que intente esconder lo que no se puede ni siquiera disimular. La firma representa a la persona. Yo estoy orgulloso de ser quien soy, de ser como soy y de cómo me llamo. Mi vida es como mi firma: soy como aparento y no aparento lo que no soy. ¿Usted también puede decir lo mismo?”.

Me he quedado en blanco. La grotesca mueca dibujada en mi cara. He apartado la mirada para no sentir la suya en el centro de mi cerebro, como si supiera que en ese momento estaba sintiéndome la persona más ridícula del mundo. He mirado a la pantalla del ordenador, donde estaba la firma, y en ella he vuelto a ver el trazo de un niño: fresco, sincero, abierto, transparente…

He vuelto mi mirada a su cara. Su gesto no había cambiado. Sus ojos seguían clavados en los míos. Esperando una respuesta a su pregunta: “¿Usted puede decir lo mismo?”.

Mi conciencia en ese momento me ha contestado: “¡No, no puedes decir lo mismo!”.

Simplemente le he contestado: “Disculpe, no siempre se ve una firma como la suya, estoy acostumbrada a verlas diferentes. A todos los clientes les hago la misma pregunta ¿Está conforme entonces?”.

Él simplemente ha asentido. Le he dado a aceptar y le he dicho que el proceso de digitalización de firma estaba finalizado y que si deseaba hacer otra gestión. Simplemente me ha contestado “Nada más, señorita” y se ha levantado y se ha marchado.

Cuando se iba ha vuelto la cabeza y me ha mirado. En su gesto me ha parecido ver la cara de un niño. Un niño grande, feliz, ilusionado, divertido… He visto mi firma junto a la suya en el documento que me ha devuelto la impresora. Me he sentido mayor. Me he sentido artificial. He recordado la de veces que ensayé mi firma para hacerla sofisticada… ¡Y él simplemente pone su nombre y lo rubrica!

He sentido envida.

jueves, 18 de febrero de 2016

El árbol protector

La naturaleza nos enseña en segundos
lo que no veríamos en años



Ha empezado a nevar con más fuerza. Lo que hace unos minutos era poco más que agua nieve, ahora son copos como jirones de algodón.

Ahora sí que va cuajando en el suelo. Antes sólo había blanqueado un poco los tejados. Estaba haciendo con ellos lo que la edad con mi pelo: pintando  manchas blancas.

Los tejados ahora sí que se están poniendo totalmente blancos. Mi pelo, en pocos años, también se pondrá. Los años al pelo de las personas son lo que los minutos a los tejados cuando nieva. Solo que cuando sale el sol los tejados vuelven a lucir su color de juventud y a nosotros el color de la juventud sólo podemos verlo en las fotos. Fotos borrosas si las comparamos con las que ahora hacemos con los móviles, como si el tiempo hiciera con ellas lo que con nuestra memoria, emborronarla para no distinguir los detalles de lo que fue.

La nieve va cubriendo todo.

Al árbol de enfrente  parece que no le afecta… Sus hojas siguen verdes, la nieve se derrite en él, no cuaja y no oculta su lozano verdor. ¿Será que aun no hace suficiente frío?

Su copa se proyecta en el césped. Es como una sombra protectora.

Es un árbol protector. Todo él se une para protegerse: sus hojas, sus ramas, sus raíces… Es como la familia cuando se vive bajo el mismo techo. Los padres protegemos a los hijos del frio del exterior y no dejamos que les hielen el corazón. Derretimos la nieve con nuestras acciones, como ese árbol derrite la nieve con sus hojas. Hojas cálidas como el recuerdo del que era mi hogar cuando aún vivía con mis padres.

Entonces estaba en mi árbol protector. Me orientaban. Me corregían. Me aconsejaban. Decidían muchas cosas por mí. No tenía nada por lo que preocuparme, salvo por no infringir las normas impuestas. Infringirlas significaba castigo, a veces un zapatillazo, a veces sentarse largos minutos en una silla… Pero recuerdo el calor, calor emocional, seguridad, protección… ¡Mi árbol protector!

Hoy soy yo quien mantiene un árbol protector. Soy yo quien lo riega, quien lo abona, quien lo poda, quien lo cuida… Soy yo quien debe decidir, quien debe orientar, quien debe aconsejar, quien debe guiar, quien debe educar… El que hoy es mi árbol protector no está criado para protegerme a mí, si no a mis hijos, mis retoños, mis brotes nuevos cuyos genes son míos en su mitad.

Mi hogar, hoy, es ese árbol al que la nieve no puede no puede cubrir. No puede cubrir ni siquiera el césped que lo rodea. Es un árbol fuerte, seguro, cálido. He de cuidarlo bien. Otros árboles a su alrededor ya están cubiertos de nieve. No son tan cálidos, no son tan fuertes…


Este árbol me está indicando cual es mi misión en estos próximos años: Mantenerme fuerte frente a las inclemencias diarias, ante el viento, ante la nieve, ante el frío, ante el sol abrasador… Meteoros que día tras día amenazan a mi hogar, a mis retoños y al sentido de mi propia vida.