sábado, 30 de junio de 2018

Sala de Urgencias


Sala de familias en Urgencias:
Hay esperas que cortan el aliento.



Las doce. Ya van dos horas. No nos dirán nada hasta las dos de la madrugada.

Me apetece un café. Los cafés de máquina son más fuertes que los de los bares. Me ayudará a despejarme y pensar en lo que viene después.

Cincuenta céntimos…

Cuando ha entrado en Urgencias llevaba los ojos cerrados. Por la expresión de su cara debía ir ya en coma.

¿Saldrá de esta?

Y si sale… ¿cómo quedará?

¡Uf! Necesito este café. Necesito tener la mente lúcida.

¡Umm…! ¡Qué bien huele...!

¿Qué ha podido ocurrirle? Haya sido lo que haya sido parecía estar grave.

¡Café! Desde su primer sorbo se nota su efecto.

“El abuelo se muere” acaba de decirle esa señora a su hija.

Muerte… Estremece esa palabra en los hospitales.

Esa chica está llorando porque su abuelo se muere. Pobrecita… ¿Le dará tiempo a despedirse de él?

Está haciendo que se me salten a mí las lágrimas. Necesito este café…

“Mamá… ¿no le pueden hacer nada”. Pobrecita… A esas edades las soluciones son pocas.

¿Y si a mí me dicen lo mismo? Ha llegado en coma…

Esta sala está llena de almas encogidas, temerosas… Nuestros seres queridos están ahí al lado en manos de unas personas que los ven como trabajo, que no tienen ninguna implicación emocional con ellos. En esta sala todos nos sentimos perdidos.

Este café me está reconfortando. Siento que me da fuerza. Creo que la voy a necesitar.

¡Ahí llega mi hermana…!



martes, 29 de mayo de 2018

Cuando la mente vaga.


Hormigas, alma, materia oscura…
Cuando la mente vaga.


¡Qué caliente está la taza! ¡Qué bien huele este café!

Parecen hormigas…

Vistos desde aquí parecen hormigas. Hormigas buscando quien sabe qué.

“¡Bonito despacho en la décima planta!” Es lo que me dijo Laura cuando vino a visitarme en mi nuevo trabajo.

Bonito despacho…

¿Y qué sentido tiene trabajar en este “bonito despacho”? ¿Me recordaran cuando yo muera? ¿En que está siendo útil mi existencia para la humanidad?

La humanidad…

¡Si parecen hormigas! Hormigas atolondradas yendo de un sitio para otro, sin saber el sentido de su propia vida. Al menos las hormigas tienen conciencia de grupo…

¿Tenemos conciencia de grupo la humanidad? ¿En que nos diferenciamos de los animales? ¿O de las hormigas?

Si le preguntara a mi confesor me diría con rictus serio: “Leopoldo, Leopoldo… ¡El Alma! ¡Nosotros tenemos Alma!”

Qué bueno le ha salido el café esta mañana a Ana… En verdad es una secretaria eficiente.

El Alma… ¿Existe?

Hace tiempo leí que en experimentos con personas moribundas habían conseguido pesar el alma. ¡Poco más de veinte gramos!

Veinte gramos de materia que no vemos, pero que parece existir.

Como la materia oscura… Parece existir, sin ella no se explica la existencia del propio Universo, pero no se ve, no interactúa con la luz… ¡Como el Alma!

¡Ambas parecen existir y ambas son invisibles!

¿Y si el Alma estuviera hecha de materia oscura? ¿Y si fuesen de la misma sustancia?

Si fuesen lo mismo…

Nuestra materia representa un cinco por ciento del total de materia y energía del Universo. La materia oscura, es cinco veces más abundante, llega al veintitrés por ciento del total. 

¡Está a nuestro alrededor y es cinco veces más abundante! Pero... ¿Dónde está?

¿Será nuestra alma materia oscura? Explicaría muchas cosas…

Míralos… ¡Son como hormigas!

Toca seguir con el trabajo. Apuro la taza y llamo a Ana.



lunes, 30 de abril de 2018

¡Mayo es!


 Treinta de abril.
Día de mayos.


Siete, ocho, nueve y diez. ¡Los tengo todos!

Ordenados según los voy a ir echando. Ahora toca ponerles a cada uno un dicho.

Voy a empezar por Tere, e iré bajando por la calle de la Compañía:

El día que tú naciste
Las estrellas se ocultaron.
Todas sentían envidia
De tus ojos azulados.

Después a Alicia, en casa de sus abuelos:

Eres una chica dulce.
Dulce como el caramelo.
Y yo como soy goloso
Por ti, chiquilla, me muero.

A María Jesús, que vive cerca de la iglesia, le pongo éste:

Desde tu puerta a la iglesia
Voy a plantar una parra.
Para que cuando vayas a misa
No te dé el sol en la cara.

Que no se me olvide el “¡Mayo es!”…

Después iré a casa de mi prima Mariví:

Si quieres saber de quien
Es el mayo que te ha caído.
Vicente se llama de nombre
Y Rodríguez de apellido.

Éste es el de Dominga:

Rosa y Azucena.
Clavel encarnado.
El señorito Vicente
Te lo echa por mayo.

La siguiente casa es la de Yolanda:

No hay chica sin amor.
Ni amor perfecto sin celos.
Yo siento celos por ti
Hasta cuando el viento mueve tu pelo.

La siguiente es Anabel.

A coger colorines
Voy a tu patio.
Y si no hay colorines
Contigo un rato.

Después a María Elena.

Cuando te miro en la escuela
No me entra la lección.
La culpa la tienen tus ojos
Que me turban la razón.

Siguiendo la calle abajo la siguiente es María Ángeles.

No lo hago por los bizcochos
Ni tampoco por la amistad.
Lo hago porque te quiero
Y contigo me he de casar.

Aurora no sé si estará, pero cuando venga lo verá:

No hay ninguna duda
De que tu padre fue confitero.
Ya que mirando tus labios
Me parecen de caramelo.

Y la última Victoria. Subiré por la cuesta de la iglesia vieja:

Si me quieres dímelo
No me tengas en ascuas tanto.
Pero dímelo con magdalenas
Que tu madre muy buenas las está sacando.

Mi abuelo me ha contado otros dichos, pero algunos de esos no los pongo, que entonces no hay bizcocho ni magdalenas. Los voy a dejar escritos para que no se me olviden:

Como sé que te gustan
Los garbanzos torraos
Por debajo de la puerta
Te echo un puñao.

Una pierna tengo aquí
Y otra en tu tejado.
Mira si por tu querer
Me tienes espatarrado.

En tu puerta me cagué
Pensando que me querías.
Ahora que no me quieres
Dame la mierda que es mía.

Debajo de las enaguas
Tienes un conejo vivo.
Yo tengo una escopetilla,
¡Déjame pegarle un tiro!

Y ahora a merendar, que al ponerse el sol he de salir a echarlos.


viernes, 16 de marzo de 2018

Pero no puedo dejar de pensar en él.


Tenemos deseos tan intensos
que resulta imposible reprimirlos.


¡No puedo dejar de pensar en él!

Lo necesito…

Llevo ya seis días sin él y no sé si voy a poder resistirlo.

Prometí dejarlo. Prometí que la última vez sería ese sábado por la noche.

Fue en el hotel, hacia la media noche, tomándonos una copa de cava.

Pero siento ansiedad, quiero volver. ¡Lo necesito!

Mi marido me dice que debo resistir, que debo respetarme a mí misma, que debo ser fiel a mis promesas…

Él no quiere que vuelva. Dice que no le importa que lo haga, que entiende mi necesidad, pero que está convencido que no me conviene, que al final me hará daño, mucho daño.

¡Siento un mono increíble!

Esa sensación… Sentir como entra dentro de mí. Cómo me llena. Sentir su calor…

Acariciarlo con mis labios.

Sentirlo entre mis dedos…

Sólo de recordarlo se me acelera el corazón.

La última vez fue especial. Muy especial. Era la última vez y para mí fue como un ritual. Preparé incienso. Preparé el cava. Dos copas encima de la mesita de la terraza del hotel. Me vestí para la ocasión. Me puse el picardías y las medias que más le gustan. Sabía que después haríamos el amor.

Le dije a mi marido que ese día sería el último. Me siento apoyada por él. Sólo él sabe que lo hacía. Incluso no le importaba que lo hiciera delante de él.

Esa iba a ser la última vez. Pero no sé si voy a poder aguantar… ¡Siento la necesidad!

Nos tomamos las copas sentados en las sillas de la terraza mientras charlábamos. De vez en cuando nos besábamos. De vez en cuando, él acariciaba mis piernas suavemente, casi sin tocarme, tratando de que yo sintiera la inducción de sus caricias a través de las medias. Confieso que estaba nerviosa, muy nerviosa.

En la mesa las dos copas de cava, la barrita de incienso humeando y el cenicero.

En ese cenicero apagaría mi último cigarro.

Lo encendí. Le di una calada profunda. Sentí su calor. Sentí cómo el humo me llenaba, me embriagaba. Lo saboreé sabiendo que era el último. Había prometido dejarlo durante las vacaciones y ésta era la última noche en el hotel. Sentía su textura entre mis dedos. Llevármelo a los labios. Acariciarlo con ellos. Sentir su sabor…

Mi marido, como tantas veces, estaba conmigo. Los dos, cada uno con su copa de cava. Él acariciándome, pasando sus dedos de mis medias a mi picardías, disfrutando de la suavidad de mi piel y la sensual textura de las prendas.

Era la última vez. ¡Era el último cigarro!

Al menos el sábado estaba convencida de que ese sería el último cigarro.

Pero hoy no estoy tan segura. Siento una gran ansiedad, un mono terrible.

¡Deseo volver a fumar!



viernes, 16 de febrero de 2018

Parar está en tu mano.


Ser incapaz de parar,
 a despecho de promesas hechas y decisiones tomadas.



Me lo he prometido. He de cumplir mi propósito.

Hoy no.

Si hoy lo consigo, mañana me será más fácil no hacerlo.

Me hace daño. Lo sé. Lo siento. Lo noto.

Me he decepcionado demasiadas veces. Demasiadas veces me he dicho: “Hoy se termina, es la última vez”. Demasiadas veces he vuelto a caer.

Pero hoy voy a resistir.

Hoy será el primer sábado, desde hace  mucho tiempo, que saldré sin ella.

Me queda una hora para salir. Hoy voy a salir sin ti.

No necesito ese cosquilleo en la nariz para sentirme bien. No te necesito.

Mañana sentiría el blanco frío de tu ausencia.

No necesito pensar mejor. No te necesito.

Mañana estaría confuso sin ti.

No te necesito para bailar y aguantar toda la noche. No te necesito.

Mañana aparecería el agotamiento de tu ausencia.

Hoy no.

Ni hoy, ni mañana, ni nunca.

¡No!

No te necesito para pasarlo bien. Voy a salir sin ti.

Eres una mala compañía, mañana sentiré que me has usado y me has tirado.

No necesito la confianza que haces sentir en mí. No necesito tu seguridad.

Yo ya tengo confianza y seguridad sin ti.

¿O no?

¿O la tengo por ti?

¡No!

¡No!

¡No!

¡Hoy no!

Hoy voy a vencer yo…

Has podido conmigo poco a poco. Pero yo voy a poder contigo hoy.

No necesito picarte antes de salir. Puedo salir sin más.

¡No!

No necesito oír la tarjeta piqueteando en la pantalla del móvil esperando tus efectos una vez te aspire.

Hoy no…

No…

Hoy no…

No, no, no… Por favor… Queda menos de una hora…

Si me doy un pase, cuando salga estaré a tope…

Pero hoy no…

Y si no te tomo, ¿aguantaré?

No sé…

No, por favor, aguanta…

¿Y si me hago media raya?

Si me hago media raya será como si no hubiésemos perdido ninguno de los dos.

Media raya también es vencer…

Pero, eso sí, será la última vez.

¡Esta es la última!



viernes, 5 de enero de 2018

Cincuenta años.

Cumplir cincuenta años
es solo el principio.


Cincuenta es una cifra de las llamadas redondas.

Tenemos monedas de 50 céntimos. Billetes de cincuenta euros.

Celebramos, cuando se consigue llegar, los cincuenta años de casados como las Bodas de Oro.

Cincuenta fueron los días que pasaron entre la Resurrección de Jesús y Pentecostés

Cincuenta es el número menor entero positivo expresable como la suma de dos cuadrados de números positivos en dos formas diferentes: 50 = 52 + 52 = 12+ 72.

Los romanos lo consideraban importante, tenía su propio símbolo: L.

Y hasta Grey tiene cincuenta sombras…

Indiscutiblemente el cincuenta es un número que marca hitos en nuestra existencia.

Este año los nacidos en mil novecientos sesenta y ocho cumplimos cincuenta años. Nuestro cincuenta cumpleaños lo recordaremos con más intensidad que cuando cumplimos veintisiete o cuando cumplimos treinta y cuatro.

Cincuenta es un cumpleaños digno de ser recordado.

Es tan importante que los nacidos en mi pueblo o los que sus padres son originarios de él, que este año cumplen cincuenta, estamos organizándonos para celebrar nuestro cincuenta aniversario. Hemos creado un grupo de WhatsApp en el que estamos incluidos veinte quintos y al menos faltan otros seis más por incluir. Sería curioso llegar a los veinticinco, la mitad de cincuenta.

Cincuenta… 50 escrito en números arábigos. L escrito en número romanos.

Los conductores con el carnet de conducir recién obtenido deben llevar la placa de conductores noveles durante el primer año.  Nosotros llevaremos durante este dos mil dieciocho también la placa “L” con nuestros cincuenta.

L.

La “L” de la placa de los novatos al volante se toma de la palabra ingresa learner, que en castellano significa aprendiz. Y así me siento yo, un aprendiz.

Con orgullo llevaré mi L de 50 durante este año. Aprendiz, novato, principiante… ¡Me queda tanto por descubir!

Parafraseando a Galdel : “Volver con la frente marchita / Las nieves del tiempo platearon mi sien. / Sentir que es un soplo la vida / Que cincuenta  años no es nada…"

¿Volver? ¿Dónde?

Las frentes de los veintiséis nativos o hijos de Villarejo de Fuentes que nacimos en mil novecientos sesenta y ocho están marchitas, con nieve plateando nuestras sienes. Con toda seguridad todos estamos sintiendo que ha sido un soplo estos cincuenta, que han pasado en nada…

Volver…

No deseo volver atrás.

Mi deseo es seguir adelante y, una vez pase este año de prácticas, empezar a sentir la carretera en mis manos, sentir la libertad del viento en mi frente, tener seguridad en mis actos, en mis maniobras de conducción.

Conduciré mi vida con mi propio estilo, siendo yo mismo.

Eso sí, este año iré con mucha precaución, llevo la "L"...



domingo, 24 de diciembre de 2017

Pregúntale a la ventana.

No cambiamos.
Somos quienes somos. No cambiamos.


Pregúntale a la ventana.

Ella ha escuchado todas mis palabras. Ella ha oído cómo te hablo. Ella ha sentido mi corazón palpitar.

Ella sabe lo que siento por ti.

Pregúntale a la ventana…

Ella ha sido testigo de besos robados.

Ella ha oído mis susurros desesperados.

Ella sabe cómo te amo.

Ella sabe cómo me siento.

Ella sabe lo que siento.

Ella sabe cómo te siento.

Ella sabe…

Pregúntale a la ventana….

Ella ha visto como compartimos nuestro wiski con naranja.

Ella sabe que lo que yo te cuento al oído no es un cuento…

Ella sabe que lo siento…

Pregúntale a la ventana,

Pregúntale…

Fue nuestra testigo. Testigo silencioso. Pero testigo.

¿Recuerdas?

Pregúntale…

Pregúntale si lo que yo te contaba lo sentía o solo era un cortejo.

Pregúntale…

Que te diga la verdad. Ella no te mentirá. Pregúntale.

¡Pregúntale a la ventana! ¡Pregúntale!

Pregúntale. No te mentirá…

Y pregúntale si hoy, veintinueve años después, lo sigo sintiendo.

¡Pregúntale!

Pregúntale…

Quiero que ella te lo diga.

Quiero que lo sepas. Si soy quien te lo digo puede que no lo creas.

Pregúntale…

Que te diga que no he cambiado.

Que te diga lo que sigo sintiendo.

Que te diga quien eres para mí.

Pregúntale…

Y sobre todo… ¡escúchala!

¡Escúchala!

¡Escúchala!

No cambiamos. Nunca cambiamos. Seremos siempre quien somos.

No cambiamos. No… No cambiamos.

Y el AMOR me ayuda a no cambiar.

¡Pregúntale!

¿Necesitas que te lo diga Perales? ¡Escúchalo!: ¿Que pasará mañana? 

Después en la ventana amaneció....