domingo, 9 de febrero de 2020

Sábado sabadete


Nos adaptamos
por qué no hay más remedio.



¿Comunicación?

Son las 0:50. Un sábado noche. O domingo de madrugada.

Ella está en su sillón, con su móvil. Yo en el mío con el mío.

¿Qué estará viendo?

Sábado noche.

Sábado sabadete…

… Camisa limpia y polvete.

¿Polvete?

Sábado sabadete…

Tres veces le he dicho: “¿Cómo va?”

Las tres veces la misma respuesta: Un gruñido que no sé muy bien qué significa.

Y yo sigo aquí, en mi sillón. No sé por qué no me acerco a ella.

Sábado sabadete…

Recuerdo que hace años el deseo de follar o de simplemente tocar unas tetas era lo que movía mi mundo.

¿Dónde estarán esos deseos? No recuerdo cuando se me escabulleron...

Sábado sabadete…

Cuánto ha cambiado mi mundo desde entonces…. Aunque yo sienta que todo ocurrió ayer…

Hoy ella está en su sillón. Se ha fumado un cigarro, ha vuelto, ha cogido su móvil y veo como cómo su dedo pulsa una y otra vez la pantalla...

Yo estoy en mi sillón. Con una cerveza al lado, mi móvil última generación y mirando de reojo lo que ella hace.

Sábado…

Nos separan poco más de tres metros de distancia, pero no podría cuantificar lo que en realidad nos separa. Es obvio que nos separan mucho más que tres metros.

Yo he entrado en un chat buscando eso que perdí no recuerdo cuando.

Ella no sé qué busca.

Sábado sabadete…

… Camisa limpia y…

Se levanta. Me da un beso. Me dice: “Voy a fumarme otro cigarrete y me voy a acostar.”

... Polvete.

Sábado sabadete…

¿Cómo hemos llegado aquí?

¿Qué ha ocurrido?

¿Por qué?

Sábado sabadete…

Busco música que convierta en canción este desamor, pero no estudié solfeo.

Nunca pude imaginar sentir esta soledad teniendo todo lo que se puede desear.





viernes, 17 de enero de 2020

Buscando la luz

Te necesito.
Nuestro tiempo.


Amor mío, di qué ves si me miras a los ojos. ¿Una luz que se apagó como dos faroles rotos?

¿Cómo quieres que me aclare? Si aún soy demasiado joven para entender lo que siento... Pero no para jurarle al mismísimo angel negro que si rompe la distancia que ahora mismo nos separa volveré para adorarle, le daría hasta mi alma si trajera tu presencia a esta noche que no acaba.

El deseo de vivir es lo que me está matando. La memoria de lo que fui, como plomo en mis zapatos.

Te necesito como a la luz del sol en este invierno frío para darme tu calor.

Y hay un tiempo para creer, tiempo para buscar.

Hay un tiempo para olvidar todo lo que pudo ser y nunca será.

Las canciones que escuché y los labios que he besado. Todo aquello en lo que confié tiene los días contados.

¿Cómo quieres que te olvide si tu nombre está en el aire y sopla entre mis recuerdos?

Sí, ya sé que no eres libre. Sí, ya sé que yo no debo retenerte en mi memoria.

Así es como yo contemplo mi tormenta de tormento.

Así es como yo te quiero.

Y hay un tiempo para existir, en el tiempo que te han dado. Para dejar atrás los fantasmas del pasado.

Te necesito como a la luz del sol. Son tus ojos el abismo donde muere mi razón.

¿Cómo quieres que me aclare? ¿Cómo quieres que te olvide?

Es nuestro tiempo.

Es nuestro tiempo tan extraño y violento…

Parece que es el fin y solo es el comienzo.

Y una vez tras otra vuelvo a escuchar a Amaral. “Nuestro Tiempo”. “Te Necesito”.




lunes, 6 de enero de 2020

Enero siempre es imitado


Jugando con el calendario
se descubren curiosidades.


Enero de 2020. Lejano año al que, de niño, me parecía una quimera llegar.

Y ha llegado.

Es curioso este año.

Octubre siempre repite a enero. Sus treinta y un  días, del primero al último, copian los días de la semana de enero.

Pero no ocurre siempre.

Los años bisiestos, como éste, recuerdan que nada es siempre igual, que cada cierto tiempo es necesario cambiar.

Cambiar para, en ocasiones, volver al origen.

Cambiar para, a veces, no volver la vista atrás.

Cambiar…

Y cada cuatro años enero le es infiel a octubre y se deja duplicar por julio.

Julio, los años bisiestos, exhibe sus números copiando a enero y, durante sus treinta y un días duplica los mismo lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos que el mes líder, el número uno, presentó en sociedad. Julio sigue al líder.

Julio, cada cuatro años, recuerda que los opuestos se atraen. Copia a enero sus días de la semana y sube la temperatura recordando que los fríos días de mi invernal enero pueden convertirse en tórridos días veraniegos azotados por olas de calor sahariano.

Este 2020 viene cargado de singularidades.

Es un año bisiesto. Ocurre cada cuatro años.

Año con cifra repetida. Singularidad que sucede cada ciento un años: 1818, 1919, 2020, 2121…

Año bisiesto con cifra repetida. Solo acontece cada cuatrocientos cuatro años. Lo fue el 1616 y lo será el 2424.

Me gusta jugar con los números…

Los que nacimos en 1968 tenemos una singularidad más. Cumplimos cincuenta y dos años en año bisiesto. Los bisiestos son cada cuatro años y cincuenta y dos es cuatro veces trece. Aquellos que sean supersticiosos este año los serán cuatro veces más.

Mis quintos de Villarejo de Fuentes este año vivirán su decimotercer veintinueve de febrero. Yo, por ser el único villarejeño que nací en invierno de 1968, viviré mi decimocuarto día veintinueve de febrero. Les llevo uno de ventaja.

No dejo de ser una singularidad entre mis compañeros de EGB, entre mis quintos, el único que nació en invierno. ¿Una anomalía entre la normalidad?

Este 2020 viviré una anomalía más que solo se da cada cuatrocientos cuatro años y para el día de San Fermín celebraré mis cincuenta y dos años y medio en un martes día siete de un mes con treinta y un días, gemelo de enero, de un año bisiesto con cifra repetida.

¿Qué cambios me ofrecerá este año singular?



sábado, 7 de diciembre de 2019

COP25: ¿Utopía?


No somos capaces de cambiar.
Alguien ha de hacer que cambiemos.


En los años sesenta apareció la televisión en color. A España llegaría a principios de los setenta.

Mi profesor de la asignatura de Televisión, de Teleco, nos comentaba: “La transmisión de la señal para la televisión en color es similar a la transmisión de la señal en blanco y negro, se usa la misma portadora con información que puede ser decodificada tanto por los televisores en blanco y negro o como por los televisores en color, parte de la señal contiene la información para blanco y negro y parte para color. Por eso emisiones en blanco y negro pueden verse en televisores en color y emisiones en color pueden verse en televisores en blanco y negro, ya que se codifica para ambos sistemas.”

Nos argumentaba que por una simple razón de economía no se diseñó un sistema de transmisión diferente para las emisiones en color, ya que el haberlo hecho hubiese supuesto que miles de familias, o quizás millones, tuviesen que comprar un nuevo televisor.

Este argumento, visto hoy, nos choca, ¡Vaya si nos choca!

Hemos pasado de la emisión en analógico a la emisión en digital y los consumidores hemos tenido que costear la compra de un decodificador para adaptar la recepción de la nueva señal a nuestros televisores o, si teníamos el suficiente dinero, comprar una televisión nueva.

En la actualidad estamos viviendo una nueva migración de frecuencias para dejar espacio a la nueva señal 5G de los teléfonos móviles. Cuestión que volverá a ser costeada con dinero que pondremos los televidentes.

¿Qué está importando? ¿La minimización del gasto como se argumentaba cuando empezaron las emisiones en color o los intereses empresariales?

¿O quizás entonces, cuando empezaron las emisiones en color, y ahora, con la televisión digital y la telefonía 5G, solo importan los interese empresariales pero nos los visten como un interés social, nuestro, de las personas físicas?

Dejo en tu mente la respuesta…

Este argumento es el que estos días me viene rondando en la cabeza a colación de la COP25.

Parece que las pruebas se decantan por la teoría de que nuestro planeta está sufriendo un sobrecalentamiento que nos llevará a un escenario vital totalmente diferente al que han vivido nuestros padres.

En pocos años, en una o dos generaciones, nuestras condiciones ambientales van a cambiar de forma drástica.

¿Qué puede evitarlo?

¿Educar al consumidor para que tenga costumbres ecológicas? ¿Manifestaciones? ¿Declaraciones de compromisos?

No.

No te engañes.

Nada lo evitará mientras los interese de los cuatro que manejan el cotarro no se alineen con los de nuestro planeta.

Mientras quienes tú y yo sabemos sigan ganando dinero para costearse sus lujos, a costa de tu bienestar y del mío, el planeta seguirá sufriendo y se seguirá calentando.

La tecnología para evitar las emisiones de gases existe.

Nikola Tesla experimentó con tecnología para la transmisión de energía  a distancia de forma gratuita. Lamentablemente, según la “teoría de la conspiración” murió en el intento.

Tenemos todo lo que necesario para cesar las emisiones, y digo cesar, en menos de 10 años. ¿Por qué no la aplicamos?

La respuesta es obvia: nadie de los que actualmente se lucran con las emisiones se lucraría de la misma forma con esa tecnología.

Como he dicho antes, en los sesenta y en los setenta interesó utilizar la misma forma de transmisión para las señales de televisión en color y en blanco y negro. Nos argumentaron que así se era más eficiente.

Pocos años después interesó cambiar el sistema de transmisión de analógico a digital (cambiar la tecnología) y fue necesario adquirir un decodificador o una televisión nueva. De nuevo nos argumentaron que era por nuestro bien.

Hoy vemos cómo nuestro clima cambia, cómo nuestras costas retroceden por la subida del nivel del agua, cómo nuestros glaciares desaparecen, cómo nuestros mares se mueren por la subida de la temperatura… Pero seguimos haciendo lo mismo que ayer: Nada.

No necesitamos cambiar nuestros hábitos porque somos incapaces de hacerlo.

Lamentablemente somos parte de ese rebaño de humanos que Charlton Heston retrató en “El planeta de los simios” de 1968. Rebaño que sigue las órdenes de sus amos, mansamente, aunque esas órdenes supongan la muerte o el desvivir de los componentes del hato.

Solo nos queda una esperanza: Que alguien con visión empresarial obtenga la forma lucrativa de rentabilizar la no emisión de gases de efecto invernadero. Estamos en manos de un gran empresario que nos salvará. Nosotros, el rebaño, el ganado, la recua, la piara en la que la humanidad se ha convertido, necesitamos un amo que nos salve.

Sin él estamos perdidos. Fin de la transmisión.




miércoles, 16 de octubre de 2019

Abuelo con 51 años (III)


El hijo se resistió,
pero el primer nieto fuer varón.



Este cigarro es el que más me gusta, el que me fumo ya tranquilo después de dejar arreglados los animales. Les he echado pienso y paja. Hoy no he querido sacarlos, con tres días lloviendo la tierra se pone imposible y las ovejas se revientan.

Desde el sábado, que empezó a llover, ya ha llovido más que todo el mes de octubre del año pasado. No es que haya llovido mucho, pero es que el año pasado no cayó una gota. Antes de estos días cayó en San Miguel y el día de la Virgen del Rosario. Después de estas aguas vamos a tener buena ricia y espigas, hasta que empiece la siembra va a haber alimento.

Me gusta fumar mientras llueve…

Antonio… Las chicas me han dicho que le van a poner Antonio.

¡Por fin un chico! Hemos tenido seis partos y un aborto. Seis chicas y el aborto un chico. El único chico que engendramos no subió. La Cleo abortó con cuatro meses. Lo enterré en el cementerio, me acompañaron la Vicenta y la Ana. La Vicenta ha sido una chiquilla muy despierta y con cuatro años que tenía quiso venir conmigo. La Vicenta ya tiene dieciocho y la Ana veintiuno. Hace ya catorce años y parece que fue ayer…

Parece que ahora arrecia… Corre el agua por el callejón.

Me ha dicho la Cleo que le van a poner Antonio por el hermano que se le murió a su padre. Se murió cinco días antes que mi Carmen. Ya hace siete años. El aborto lo sentí, pero que se muriera mi ángel… La Carmen era como un ángel y con solo dos años se la llevó Dios. Esos días han sido los más tristes de mi vida. Los míos y los de mis chicas. La Emilia, con dieciocho años, lloraba como una Magdalena. Y hoy ha parido a Antonio... ¡Cómo pasa la vida!

Su marido, como no hemos sacado las ovejas, ha podido estar en el parto. Dice la Pen que cuando le han dicho que era chico le han brotado lágrimas y ha dicho que se llamaría como su difunto hermano.

¡Pero hoy es un día de alegría! ¡Por fin un chico! ¡Me voy a echar otro pitillo!

Llueve pero no hace frío. En un par de días tendremos sol otra vez.

Recuerdo cuando se murió Antonio, la Cleo se impresionó y cuando llegamos a casa, después del entierro, acurrucó a la Carmen y a la Ángeles sollozando, diciendo que no quería que a sus chicas les pasara nada. Una tenía dos años y la otra cinco. ¿Quién le iba a decir que a la pequeña la enterraríamos seis días después…?

Pues como lloviera ayer en Talavera como hoy aquí, se mojó Franco con toda seguridad. En la radio no dijeron nada de si llovía o no mientras inauguraba la presa, pero seguro que se tuvo que poner la trinchera. ¡Cómo llueve ahora!

Bueno, ya soy abuelo… Cincuenta y un años y abuelo…

Tendremos que avisar por carta a la familia, el primer nieto lo merece.

Este abuelo se va a pasar para dentro a ver si ya han preparado la cena. Con cinco chicas… ¿Cuántos nietos tendré?



viernes, 11 de octubre de 2019

Felizmente casado

Quien no es feliz
es porque no quiere.


Dieciséis años… Parece que fue ayer cuando estábamos haciéndonos estas fotos y han pasado dieciséis años. ¡Hoy dieciséis años de mi boda...! ¡Qué guapa estaba! Parece que fue ayer… Once de octubre de dos mil tres… ¡Que día tan especial tuvimos!

Y lo que ha cambiado mi vida desde entonces… ¡Para bien claro!

Que brillo tenía en la mirada mientras me daba las arras. ¡Qué foto más bonita!

Recuerdo que antes de casarme, siendo novios, tenía costumbres ciertamente licenciosas… Los sábados por la noche se convertían en vómitos al alba en compañía de mis amigos. La dejaba en su casa y buscaba a mis amigos. ¡Vaya juergas! ¡Y vaya castigo al hígado! Desde luego eso no era buena vida…

Después de aquel once de octubre todo cambió. Gracias a Dios…

Qué cielo más bonito… Nuestro fotógrafo captó detalles impresionantes. Qué juego de luces… El naranja del atardecer contrasta con la luz de la mirada de mi cari.

Aun así aún caí en la tentación varias veces… Que recuerde al menos seis… Pero mi cari me salvó, me prohibió salir solo con mis amigos. ¡Me salvó! ¡Cómo la adoro!

Y poco a poco fue cambiando mi vida, lentamente, es normal, ya se sabe que enderezar el árbol torcido lleva su tiempo… Son años de poda, de atar ramas para cambiar su dirección, de redirigirlas…

Pero mi cari ha sabido hacerlo y ha hecho de mí un hombre de provecho.

Lo primero que hizo fue implicarme en las tareas domésticas. ¡Algo que mi madre no fue capaz de hacer! Pero claro, no voy a comparar a mi cari con mi madre…

Descubrió que era un experto con la plancha, que tengo un don natural para, en pocas pasadas y si esfuerzo, dejar la ropa perfecta. Planchar una camisa no es nada del otro mundo, ni siquiera unos pantalones… ¡Pero un vestido! ¡Eso sí que es arte…! Le dejo la ropa a mi cari mejor que la tintorería.

¡Qué alegría desprende esta foto! Recuerdo perfectamente cuando nos la hicieron, entrelazamos los brazos a la entrada del salón para beber las copas de cava. ¡Qué bien me sentía!

¿Y la pintura? ¡Soy un maestro de la brocha gorda! Mi madre no supo enseñarme, pero mi cari sí que ha sabido hacerlo… Mi madre venga a explicarme como he de coger la brocha, que si le das en esta dirección que si después en la otra… ¡Nada! ¡No supo enseñarme! Pero mi cari… ¡Ella sí que sabe! Recuerdo que un día me dijo: “Cari, este fin de semana vas a pintar el salón, vamos a por la pintura, yo elegiré el color. Tú compra todo lo que necesites. ¡No quiero ver una gota! Así que entérate bien de como tienes que hacerlo.” ¡Que sabia! No me dijo ni hazlo así ni hazlo asá… Solo me dijo “¡Hazlo!”. Ese fin de semana descubrí mi habilidad oculta con la brocha. En estos dieciséis años me he pintado la casa cuatro veces. ¡Soy un as de la pintura!

¡También fui un as cortando la tarta! Esta foto es de lo más graciosa…. ¡Vaya cara tengo…! Parece que entro a matar al toro… ¡Ni Padilla se pone tan feo!

Pero lo que más le agradezco es que me haya salvado de los vicios. Los fines de semana que salía con mis amigos volvía tardísimo, con alguna copa de más, algunas veces hasta nos fumábamos un canuto… ¡Vaya vida de asco! Mi hígado seguro que estaba sufriendo lo indecible. Aunque me prohibió las salidas con ellos, yo alguna vez me escapaba. Todo cambió cuando llego mi hija, gracias a Dios. Tenía mi hija dos meses, era un viernes y mi cari me dijo: “A partir de ahora quien va a salir todos los fines de semana voy a ser yo. Tú no eres capaz de corregirte, así que tengo que tomar esta decisión: Te quedas con la peque y yo salgo con mis amigas, así tú no te escapas, porque si lo haces y dejas a la peque sola… ¡Te mato! ¡Ni se te ocurra! Así no te descarrías más.” ¡Qué sabia! ¡Cómo supo hacerlo para cortar de raíz mis extravíos! Ella desde entonces sale todos los fines de semana y yo me quedo en casa. No vuelve muy tarde… casi nunca al alba. ¡Y la veo tan feliz…!

Hoy quería salir conmigo a cenar, pero sus amigas le han dado una fiesta sorpresa para celebrar nuestro aniversario y no hemos querido hacerles el feo. Ya celebraremos nuestro aniversario otro día.

¿Y el vals de apertura del baile? Que patoso… ¡Hasta en la foto se notan mis nervios!

Es estas fotos faltan mis soles, mi  chiquitina y mi chiquitín. Me paso mucho tiempo con ellos y los disfruto. Se llevan dos añetes, son tan iguales… He asumido la obligación de llevarlos a las actividades extraescolares, de estar en los grupos de WhatApp del aula y de las actividades, de ir las reuniones del colegio, de acostarlos, de levantarlos… Es como si solo tuvieran padre y eso entristece enormemente a mi pobre cari por no poder estar con ellos. Mi cari, como trabaja con jornada partida, no puede encargarse ella, manque le pese. Pero gracias a que yo me encargo de todo mi cari no está estresada como las madres de los compañeros de mis hijos. ¡Esas son inaguantables! ¡Vaya brujas! Esos gritos, esos ojos de locas que les ponen… ¡Qué horror! Mi cari tiene esa cara de relax…

Me encantan  esas caricias que me hace mientras apoya su cabecita en mi hombro por la noche, cuando he terminado de acostar a los chicos y nos ponemos un rato a ver una serie… bueno, mi serie, porque yo solo veo una, no me da tiempo a más. La eligió mi cari, que sabe perfectamente lo que me gusta. Ella sigue alguna más, tiene más afición que yo, es casi una friki de las series…

Dieciséis años ya… ¡Que feliz me siento!


sábado, 7 de septiembre de 2019

Un crucero llamado Soledad


Un gentío a tu alrededor
no implica compañía.


Cuatro metros. Calculo que tiene cuatro metros cuadrados...

Estoy en cuatro metros acompañada de la soledad.

Nunca imaginé que trabajar de primera voz en el show de un barco pudiera hacerme sentir tan sola.

¿Cuantas personas viajarán conmigo? ¿Cuatro mil? ¿Cinco mil? 

Y los únicos seres a los que siento cerca son esos que vuelan acompañando al barco. Blancos...

Blancos por la luz que reflejan del crucero. No son todos iguales... Unos parecen gaviotas. Otros murciélagos... Pero son todos blancos... Parecen ángeles que vinieran a acompañarme… A buscarme...

Soledad...

Yo en los cuatro metros cuadrados del balcón del camarote, esos seres volando paralelos al barco y la tormenta en tierra a lo lejos. Soledad.

Siento deseos de volar con ellos y ser uno más... Un ser más... Un rayo más...

Sentiría la sensación de liberación por no más de dos segundos, los que tardaría en caer al mar. Sentiría el impacto... El frescor del agua... Esa sensación... Me convertiría en un ser más del mar... De la mar. Pero por poco tiempo... Las aguas y sus remolinos me engullirían y en pocos segundos acabarían con mi consciencia... Acabarían con mi soledad...

Y siguen ahí... siguen volando en paralelo al barco...

Y sigue mi soledad...

Y sigue la animación en el barco. Una animación distinta en cada ambiente. Esta noche he pasado por todos buscando un imposible: compañía.

¡Sentirse acompañada en un crucero!

Los pasajeros alegres bailando al ritmo que marcan los animadores. Todos con el mismo ritmo, el mismo paso. Ritmo embotellado, artificial... Como mi sonrisa...

He pasado por todos los bares. Distintos ambientes. Distintas personas. La misma sensación: soledad.

Ya se oyen los truenos de la tormenta, parece que nos acercamos... Parece que supiera de mi lamento y con su voz sorda convertida en trueno viniera a consolarme.

Solo siento soledad...

Soledad...

Tantas cosas vienen a mi mente... Tantos universos paralelos en los que no estoy yo y puede que mis otros yoes no sientan esta soledad y sientan el disfrute de la vida...

Soledad...

Siguen volando en paralelo al barco cuán luciérnagas... La luz del crucero se refleja en sus blancos cuerpos mientras vuelan…

La tormenta a lo lejos... Cada vez se oyen más los truenos...

Yo en mi  balcón con mi soledad...

Soledad.