viernes, 30 de junio de 2017

Siete gatos y su madre


Lo que no vemos
También existe.


Dicen que los beduinos siempre llevan gatos y perros en su tribu mientras deambulan por el desierto, de oasis en oasis, con su ganado.

Dicen que cuando toca acampar, se paran y dejan que los gatos y los perros busquen su lugar de descanso.

Dicen que para montar su tienda siempre eligen el lugar donde los perros se tumban a descansar. Éstos buscan los lugares con poca actividad energética.

Dicen que los beduinos nunca montan su tienda en el lugar elegido por los gatos. Dicen que los gatos son nuestros guardianes del mundo energético, que buscan los lugares por los que la energía fluye para absorberla  y protegernos de ella.

El Doctor Who nos habla de “las grietas del tiempo”. Lugares por los que fluye la energía para cambiar el presente y modificar el futuro. Cuando las grietas aumentan se crean inestabilidades temporales que no pueden ser modificadas por la acción humana. Suceden cosas que sucederán sí o sí, que un viajero del tiempo no podrá cambiar.

Los gatos buscan esos lugares en los que las grietas del tiempo emiten energía que modifica el futuro  de forma irremisible. Los gatos nos protegen de esa energía indómita y se alimentan de ella. Los beduinos lo saben bien.

En mi jardín esta primavera han nacido siete gatos.

En mi vida desde primeros de febrero están ocurriendo cambios inesperados.

¿Tendrán relación?

Paralelamente recibo lecciones de la vida que provocan que se reescriban todos mis recuerdos con una visión diferente, en la que los villanos quedan desenmascarados.

Y cambios y cambios… Unos mayores, otros menores... para llenar varias páginas.

Hoy la gata se ha llevado a seis de sus siete crías. Ha dejado una gatilla mansa y preciosa. La he cogido y parece que ha estado conmigo desde que nació. Sé que su madre volverá a por ella.

¿Se estarán cerrando las grietas del tiempo? ¿O estarán aumentando tanto que ya ni los gatos pueden soportarlas?

Dejemos al tiempo transcurrir, nos revelará lo que no vemos. ¡No te quepa la menor duda!






viernes, 19 de mayo de 2017

Doscientos veintidós

Aunque ya no estés conmigo
tu recuerdo sí lo está.

Dos semanas.

Ya hace dos semanas que nos separamos.

Después de dieciocho años y medio juntos hemos llegado al final.

En estos últimos tres años hemos tenido varias crisis. Hace dos años y medio todo estuvo a punto de terminar, pero lo superamos.

Ahora no ha sido posible.

Recuerdo los momentos que hemos vivido.

Las muchas horas juntos.

Nuestros viajes.

Nuestro ir y venir a Talavera de la Reina. Los catorce meses yendo a Villalba de la Sierra, con la carretera helada…

Valencia, Madrid, Murcia, Almería, Teruel, Zaragoza… Y tantas ciudades a dónde me has llevado.

Lourdes y Fátima. Lugares santos que he visitado contigo.

Ciento noventa mil kilómetros en dieciocho años y medio. ¡Doscientos veintidós meses!

Pero todo tiene su final y lo nuestro tenía que terminar.

Hoy te he visto. Brillante. Con la placa de matrícula delantera cambiada. La E ya era E y no F. ¡Estabas precioso!

No sé con quién te irás, quien te conducirá… Pero tu recuerdo perdurará. Tus prestaciones, tu aceleración. Tu respuesta en las situaciones difíciles… ¡Te estoy tan agradecido!

Solo te deseo una nueva vida tranquila, que te cuiden, que te mimen como yo te he mimado…

Siempre estarás en mi recuerdo. En nuestro recuerdo. Mis hijos solo han tenido un coche: Tú, el coche azul. Nuestro coche hasta hace quince días.


¡Siempre serás nuestro coche azul!


domingo, 9 de abril de 2017

Casi 18000

Diecisiete mil novecientos noventa días.

Desde que nací.

Casi dieciocho mil.

Cuarenta y nueve años, tres meses y dos días.

Y da la impresión que la vida, simplemente, es una rueda que rueda y rueda sin parar.

Cuando mis padres tenían mi edad, yo tenía doce o trece años. Recuerdo su vida entonces. Recuerdo lo que sentían. Recuerdo su relación…

El destino hizo que cuando mis padres tenían cincuenta y cincuenta y un años (cincuenta mi madre y cincuenta y uno mi padre), yo tuve que salir de mi pueblo y de mi hogar a estudiar. Un día de primeros de octubre subí al camión de mi padre y en él me llevó a Cheste. Ese día todo terminó. Desde ese día  mis recuerdos familiares se reducen a unos días en Navidad, unos días en Semana Santa y el verano.

Por todo ello, hoy, estando cerca de la edad que tenían mis padres cuando emigré, vivo con nostalgia el recuerdo que tengo de cuando ellos tenían mi edad.

Dentro de poco, de muy poco tiempo, me quedaré sin su recuerdo de cuando ellos tenían mi edad. Sobrepasaré los 50 años de mi madre y los 51 de mi padre y me quedaré sin referencias de quienes eran ellos cuando tenían mi edad.

La sensación me produce cierto vértigo.

Hasta hoy mi vida la he ido comparando con la de mis padres. Su vida ha sido para mí una referencia. La menopausia de mi madre, sus ahogos,  sus depresiones puntuales, su desesperación, sus risas, su llanto, su dedicación a sus hijos, su trabajo en el negocio familiar…

Mi padre siempre fuera. Levantándose muy temprano. Llegando a casa y yéndose a dormir. Su no entender a mi madre. Su dedicación al trabajo para obtener recursos con los que pagar los estudios de sus hijos.

La vida ha sido esa rueda que rueda y rueda sin parar y va repitiendo la posición de sus radios como nosotros vamos repitiendo los actos.

Pero dentro de muy poco sobrepasaré la edad que ellos tenían cuando me fui y me quedaré sin su referencia.

Será una segunda metamorfosis. La primera hace 35 años con mi salida de casa para vivir a doscientos cincuenta kilómetros y estar solo. Esta segunda será por la pérdida de referencias aplicadas a mi vida actual.

¿Qué les pasó a mis padres? ¿Qué me pasará a mí? ¿Cómo devendrá el futuro?

Hoy, mi mujer y yo tenemos la misma edad que tenían mis padres cuando yo volé del nido. Comparo nuestra relación con mis recuerdos y encuentro paralelismos que me ayudan a decidir. Dentro de muy poco no tendré referencias.

Casi  dieciocho mil días vividos y tengo la sensación de que me faltan recuerdos, de que el destino me ha robado lo que era mío. La convivencia con mis padres, sentir sus emociones, sentir sus anhelos, sentir su preocupaciones, sentir sus alegrías…

Me siento huérfano de recuerdos.

Me siento huérfano.

El destino rueda. A la rueda del destino le toca apoyar los mismos radios que apoyó hace treinta y cinco años. Yo me quedo sin referencias, a ciegas, solo dependiendo de mí mismo, como ocurrió antaño.

Siento vértigo. No tengo referencias. Estoy perdido.



sábado, 25 de marzo de 2017

¿A quién debo fidelidad?

¿A quién debo fidelidad?
¡Solo a mí!


Las cinco. Como todas las noches. Duermo cuatro horas y me desvelo.

Mi mujer dice que es el estrés el que no me deja dormir. Al menos a ella le dejo dormir desde que decidí dormir en otra habitación. Así no le hago pasar malas noches.

Y hoy me toca “donde dije digo, digo Diego”. ¡Una vez más!

Pero claro, si quiero seguir en el puesto y prosperar más, no me queda más remedio que acatar las órdenes, a sabiendas de que no es bueno para los que me votaron.

Hoy toca defender lo indefendible. Desdecirme de lo que dije, y decir que lo que dije no lo dije, que dije otra cosa diferente, que lo que se ha publicado está sacado de contexto… ¡Qué asco!

Pero esto es la política…

Los intereses del partido están por encima de todo. Ellos me han puesto donde estoy y debo acatar las órdenes. Yo no puedo pensar por mí mismo, yo no puedo defender a los que votaron, yo no puedo contradecir a mi partido; si mi partido decide hacer lo que sea en mi tierra o dejar de hacerlo, yo, aunque vea que es malo para mis votantes, he de defender la decisión del partido.

Todo por seguir donde estoy, con el cargo y el poder que tengo, aunque solo sea de cara a la galería, porque quien verdaderamente tiene el poder no soy yo...

A cambio yo he de hacer lo que dicen y, además, pagar las correspondientes cuotas mensuales… Recuerdo la primera vez que me lo explicaron: “Los que tienen tu puesto es costumbre que donen un diez por ciento del salario bruto al partido”. Y todos los meses a pagar…

¿La gente no se dará cuenta de que todo esto es un engaño?

El único que se ha atrevido a decir lo que verdaderamente pasa es Donald. No ha engañado a nadie. Se ha presentado tal y como es. Recuerdo su frase: “Aunque me pusiera a disparar en la Quinta Avenida me votarían”. ¡Y qué razón llevaba!

Engañamos a la gente. Nos contradecimos a nosotros mismos. Lo que hoy decimos que es bueno mañana es malo. Tergiversamos. Adulteramos la realidad. Escondemos datos, nos inventamos otros.

¿Y todo por qué?

Yo lo tengo claro. Ver a la gente como me lame el culo me pone. Ver como limpian mis zapatos con su lengua me pone. Tener dos secretarias me pone. Que piensen que puedo tirarme a mis secretarias me pone. Hacer ostentación de poder me pone.

Después la realidad es otra. Solo soy una marioneta en manos de unas perversas manos. Me siento, todos los días, peor que los lameculos que me visitan a diario. Mi esfínter es el más dilatado…

No aguanto más en la cama. Desayuno y preparo la mañana. Hoy toca cara de póker.




miércoles, 8 de marzo de 2017

Carta de una viuda

Mucho hemos avanzado
y mucho nos queda por avanzar.


8 de marzo de 1903.


Querido padre:

Ayer de nuevo vino el casero a cobrar el alquiler y me volvió a decir que debo dejar la casa.

Repitió lo mismo que me dijo el mes pasado, que ha dejado que pase el luto, como es la costumbre, pero que ya no puede dejarme vivir más en la casa si no se rehace el contrato.

Sé que lo que busca es que me case con él. Ha dejado pasar el año en el que no puedo volver a casarme, como marca la ley, y ahora intenta obligarme a casarme con él rehaciendo el contrato.

Que una mujer viuda y joven reciba la visita en su casa todos los meses de un hombre, aunque éste venga a cobrar el alquiler, sabe usted que no está bien considerado.

Tengo solo dos salidas: casarme o irme con usted al pueblo.

Si me caso perderé la patria potestad y tendré que estar sometida a la voluntad de mi nuevo marido; además, la vida de mi chica no va a ser la que a mí me gustaría. Va a cumplir ocho años y ya sabemos todos lo que algunos padrastros pueden llegar a hacer. Yo perdería todo y mi hija y mi hijo puede que también.

Ya hace catorce meses que mi marido, que en paz descanse, murió. Era un buen hombre, me trataba de igual a igual, no como otros tratan a sus mujeres, que las tratan como si fueran su posesión.

Desde que murió hemos vivido con lo que yo he ganado trabajando en el campo. Hambre no hemos pasado ni pasaremos mientras yo tenga manos para trabajar.

Tengo ahorros para comprar casa y me gustaría comprarla en mi pueblo, por eso me dirijo a usted, para que me deje volver al pueblo a la casa de usted. Solo viviremos con usted durante el tiempo necesario para encontrar casa. Yo trabajaré con las ovejas y en los jornales que salgan. La chica puede ayudar en la casa y en los corrales. El chico es pequeño, pero listo como él solo y puede ayudarle a usted en lo que necesite. Mientras vivamos con usted nos ganaremos lo que comamos.

Cuando encuentre casa quisiera comprarla. Es posible que sea necesario que sea usted quien cierre el trato, ya sabe que los hombres rehúyen hacer tratos con las mujeres, aunque tengamos nuestra propia tutela. Los hombres nos ven como personas de segunda.

Los cuartos necesarios los pondré yo, usted no tiene que poner nada, pero le pido que me apoye en esta decisión. No quiero conocer más hombre ni perder mi libertad. El recuerdo de mi difunto marido no quiero que lo enturbie nadie.

Padre, necesito su ayuda, su hija y sus nietos merecen vivir con dignidad.

Puede mandarme recado con Deogracias, el hermano de mi marido, igual que lo era él, es buena persona y él y su mujer se están portando muy bien con nosotros.

Su hija.


jueves, 2 de marzo de 2017

Hay castigo

Si conocen su castigo
no cometerán el delito.


¡Las doce!

Se fue a las ocho a ver el fútbol en el bar… ¡Y son las doce!

Hoy me toca infierno.

Va a llegar borracho, como siempre, y pagaré yo el que su equipo no haya ganado.

¡Dios mío…!

¿Qué puedo hacer?

¿Qué tortura nueva se le ocurrirá hoy?

La última vez me arrastró del pelo por el pasillo… Entre dientes me decía: “¡Si gritas os mato a los tres!”

Mis angelitos estaban dormidos… Hoy también lo están, desde las diez.

No puedo permitir que vean cómo me amenaza y me pega. Si se despertaran y saliesen de su habitación la emprendería contra ellos. ¡Y eso nunca!

Me duele la mandíbula, me voy a destrozar las muelas de tanto apretarlas. Los dientes ya se ha encargado él de rompérmelos…

Me sudan las manos, noto como me tiembla todo el cuerpo… ¡Dios mío! ¿Por qué?

¿Por qué a mí?

Siempre empieza diciendo lo mismo: “¿Sabes dónde están los que han matado a las putas de sus mujeres? ¡En el bar festejándolo! ¡A ninguno le pasa nada! ¡Ninguno va a la cárcel! ¿Has visto tú que digan en la tele que alguno ha ido a la cárcel?”

Siempre dice lo mismo… Y cuando acaba de decirlo recibo el primer golpe…

Estoy empapada en sudor. Sé lo que me espera esta noche. Ha jurado que si lo denuncio me matará a mí y a mis hijos. ¡Está tan seguro de que no le va a pasar nada…!

Pero esto tiene que acabar. ¡Sí hay condena para los monstruos! Pero lo mediático es sacar a las mujeres muertas por estos desechos de personas. ¡Venden morbo y sufrimiento! Que un malnacido haya sido condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel no les da audiencia ni ventas y por lo tanto no les da beneficios. ¡Se lucran de nuestro sufrimiento!

¿Los políticos quieren parar esta lacra? ¡Pues que obliguen a los medios de comunicación a publicar las penas por maltrato y asesinato!

Hoy no voy a permitir que me amenace, ni que me humille, ni que me pegue, ni que me torture…

Voy a pedir ayuda ahora mismo, antes de que el monstruo llegue… ¡Voy a llamar al 016!



jueves, 9 de febrero de 2017

Vivir en el recuerdo

Mientras el recuerdo existe
el recordado no muere.


Este mozalbete me ha hecho recordar… Los críos tienen unas cosas…

Le gusta preguntar por cómo eran las cosas cuando yo tenía su edad. Sólo tiene siete años y es un preguntón.

Hoy ha hecho frío, solo se nota calor aquí cerca de la lumbre. No la quiero atizar mucho, la mujer tiene puesto el puchero y no le gusta que se haga con mucho calor.

Me he reído a carcajadas cuando me ha preguntado que si cuando yo tenía su edad e iba a la escuela cantaba también el Cara al Sol. Me ha renegado por reírme: “No te rías, abuelo, que todas las mañanas lo cantamos en la escuela. Tú también lo cantabas, ¿verdad?”.

El Cara al Sol… Hacerles a los críos cantarlo en la escuela… No sé cuánto durará el Cara al Sol en las escuelas, la radio ha dicho hoy que el marqués de Villaverde ha informado que el estado de salud del Generalísimo se ha agravado.

El mocete no se creía que yo no cantase al Cara al Sol en la escuela. Le he tenido que explicar que cuando yo tenía su edad Franco aún no había hecho ni la mili.

Su pregunta me ha traído recuerdos de mi niñez. De la mudanza al pueblo, a la casa de mi abuelo, cuando murió mi padre. De cómo lloraba mi madre cuando mi padre se murió. De la pena que teníamos los tres, mi madre mi hermana y yo. De lo bien que se portaba mi abuelo cuando vivíamos con él. Yo tenía cuatro años y me acuerdo como si fuera ahora mismo. 

Me ha traído recuerdos de las escuelas, del frío que hacía dentro, de Don Constantino… Un maestro al que el pueblo tuvo en muy alta consideración, en su honor le cambiaron el nombre a la calle de la Compañía por el suyo: Constantino Alhambra.

Recuerdo cómo mantenía la disciplina. Si alguno se ponía terco y no atendía o daba guerra, no le valía salir corriendo, le tiraba lo primero que pillaba y si pillaba una cepa de la estufa la lanzaba con una mala leche… ¡Vaya puntería tenía!

Recuerdos…

Yo también voy ya delantero. Con mi edad en cualquier momento me llamará Jesús. Me siento preparado, no temo a la muerte, Jesús ha estado siempre conmigo y sé que lo estará también en el último momento. Pero, cuándo yo muera, ¿quién recordará a mi padre?

Mi hermana, que en paz descanse, ya no está. Ella tenía más recuerdos de mi padre que yo, era más vieja, yo lo recuerdo vagamente, era muy pequeño cuando se murió, pero él ha seguido vivo en mi memoria. Cuándo yo falte morirá del todo.

Lo mismo le pasará a Don Constantino. Será recordado, y por ello aun vivirá, mientras vivamos los que fuimos con él a la escuela. El hecho de tener una calle con su nombre hará que haya gente del pueblo, que aunque no llegara a conocerlo, se acuerde que fue un maestro ilustre, pero llegará un momento en el que nadie se acordará de quien fue, solo quedará el nombre de la calle.

Yo espero vivir también en la memoria de los míos. En enero hará setenta y tres años que se murió mi padre, setenta y tres años que ha seguido vivo en mi memoria. Espero que mi nieto me tenga en su recuerdo mientras él viva. Éste es el segundo más joven, pero se llama igual que yo y sé que me recordará, me lo dice el corazón.

Voy a échame un Ideales al corral, que si me lo fumo aquí la mujer se va a enfadar.

¿Dónde irán los recuerdos cuando morimos?