domingo, 24 de diciembre de 2017

Todo hombre tiene dos caras

Todo hombre tiene dos caras:
El hombre que finge ser y el que es en realidad.


¡Hola bonita!

Te ha aguantado bien el maquillaje…

El disfraz ha funcionado. Como casi siempre.

Elegí bien el color de la barra de labios. Me aconsejó bien la de Yves Rocher. Este “Grand Rouge” ha aguantado toda la noche y, por las miradas que recibía, resaltaba sobre el resto de la pintura.

¿Quién eres? ¿Quién soy?

Te veo ahí, al otro lado del espejo, y veo una cara bonita, atractiva, luminosa…

Me siento aquí, a este lado del espejo, y siento mis dudas, mis ansías, mis deseos, mis cuitas…

¿Quiénes somos?

Los demás te ven a ti. Yo me siento a mí.

Los demás ven esos labios rojos. Esos ojos sombreados de azul. Esas cejas alargadas por el rímel. Esos pómulos pintados. Ese pelo tintado…

Yo siento mis labios resecos. Mis ojos cansados. Mis patas de gallo. Mis ojeras. Mis canas. La presión en el pecho. La quemazón en el alma. Mi vivir sin vivir…

¿Quién soy?

¿Soy quien aparento ser o soy quien siento que soy?

¿Quién?

A nadie le cuento mis anhelos. Solo yo conozco lo que quisiera hacer. Y sé que no es posible. ¡Tú me lo impides!

¿Quién eres?

Vistes mostrando lo mejor de mí y disimulando aquello que detesto. Eres una sombra de lo que realmente soy. Una sombra bonita, luminosa, seductora… Pero una sombra.

Tú no sientes lo que yo. Solo finges ser lo que a mí me gustaría ser. Finges, sí, finges, porque yo sé que no eres como pareces ser. Porque sé de tus sueños. Porque sé de tus desvelos. Porque sé de tus miedos. Porque sé de tu arrojo. Porque sé quién eres.

Sí, sé quién eres. No eres quien veo. Eres quien siento. No eres quien ven. Eres quien siento. No eres a quien miran. Eres quien siento. No eres a quien desean. Eres quien siento.

Sí. Sé quién eres. 

Sí. Sé quién soy.

Y en un par de minutos te voy a quitar la pintura que llevas encima para volver a ser yo y dejar ser tú.



lunes, 20 de noviembre de 2017

1975. El inicio de un nuevo tiempo.


Cuando un hecho histórico ocurre,
siempre recuerdas qué estabas haciendo en ese momento.


“Con profundo sentimiento, doy lectura al comunicado siguiente: Día veinte de noviembre de mil novecientos setenta y cinco. Las casas civil y militar informan a las cinco y veinticinco horas, que según comunican los médicos de turno, su excelencia el Generalísimo, acaba de fallecer por parada cardiaca como final del curso de su shock tóxico por peritonitis.”

¿Y ahora qué?

El ministro de Información y Turismo lo acaba de decir por la Cadena Ser.

¿Qué va a pasar ahora?

Aún no ha amanecido, pero seguro que los tanques ya están por Madrid. Después de ese comunicado en la radio han puesto marchas militares. ¡Y Santiago en El Goloso haciendo la mili!

El pequeño de los cuatro, con veintiún años, como estalle la guerra es el primero en salir al frente.

¿Vamos a volver al treinta y seis?

A mí, por mi edad, no me van a movilizar, con cincuenta años ya tengo la licencia total, cuando cumplí los cuarenta y nueve fui al cuartel de la Guardia Civil a que me la sellaran. En la Guerra Civil me libré por poco. Cumplí los catorce cuando ya había acabado.

Pero ¿mis hijos? El mayor veintiocho y el pequeño veintiuno. Los cuatro están en edad de reclutamiento, y al pequeño no hace falta que lo movilicen, que está en el cuartel.

Las ovejas ya las he ordeñado. Andrés no tardará en llegar para sacarlas, seguro que ya se ha levantado y ha oído también la noticia. Él tiene televisión, se casó en septiembre y lo primero que hizo fue comprarla. Como estalle la guerra y lo recluten igual no le da tiempo a preñar a su mujer. 

Seguro que en la tele están diciendo más cosas. La radio parece que la han tomado los militares, solo están emitiendo marchas militares. La Cadena Ser, Radio Intercontinental, Radio Nacional… Todas tienen marchas militares.

Hoy no puedo almorzar. Se me ha hecho un nudo en el estómago.

Felisa en cuanto se levante y se lo diga se va a echar a llorar. ¡Con cuatro hijos en edad militar!

Y los mayores con las mujeres preñadas. Tomás ya con dos chicas y lo que venga. La mujer de Luis tiene que parir en enero. ¿Qué futuro les espera a mis nietos?

¡Están doblando! El cura se ha puesto a doblar, ha esperado a ver los primeros rayos de sol.

En el sesenta y nueve Franco nombró a Juan Carlos sucesor del régimen. Muerto Franco es él el Rey que sustituye al Generalísimo. Es muy joven, tiene treinta y siete años. ¿Lo respetarán?

Por el bien de todos espero que el ejército sea fiel al nuevo Rey.

Hoy es uno de esos días que pasarán a la Historia, pero yo tengo que ir al corral a hacer de vientre, creo que me ha entrado descomposición...


domingo, 22 de octubre de 2017

Cataluña

Belles paraulas d’amor.
No sabien més, tenien quinze anys.


Palabras de amor…

Sencillas y tiernas.

Palabras de amor…

Belles paraulas d’amor. No sabien més, tenien quinze anys…
 
Estoy escuchando a Serrat cantando en catalán, así lo he puesto en YouTube. Necesito estar cerca de mi gente que vive allí, en Cataluña, en la Comunidad Autónoma de Cataluña, en la República de Cataluña.

¿Importa el nombre?

Importan las personas que allí residen. Importa la vida de las personas que viven en aquella región, en aquella comunidad autónoma, en aquella república, en aquella tierra…

Estamos oyendo cantos de sirena de los independentistas.

Estamos oyendo voces disonantes pidiendo que hablen las armas.

Estamos oyendo gritos pidiendo libertad.

Estamos oyendo súplicas exigiendo acciones para volver a la legalidad.

Estamos oyendo cantos, voces, gritos, súplicas…

En las redes sociales vemos a unos que se posicionan en un bando. Otros que se posicionan en el contrario. Pero, ¿vemos puentes de entendimiento?

Vemos enroques. Ataques por la diagonal. Los caballos amenazando al rey. Los alfiles intentando dominar el centro del tablero. Las torres atacando por las filas A y H. Vemos…

Vemos lo que vemos…

Quiero sentir lo que sienten mis compatriotas catalanes. Esa ansia de libertad. Esa ansia de ser independiente. Esa ansia de reafirmar su propia personalidad.

Ansias…

Yo soy de Castilla. Educado por padres castellanos que decidieron no emigrar. E intento ponerme en los zapatos de mis primos, cuyos padres, hermanos y primos de mis padres, decidieron buscar su futuro en aquella tierra lejana…

¿Qué nos diferencia?

¿Quizás un sentimiento de amor de quince años? Belles paraulas d’amor…
 
Algunos de los que allí residen se sienten como adolescentes rebeldes que no admiten la autoridad.

"Tenien quinze anys..."

Son como aquel adolescente que conocí, con deseos de libertad e independencia, de escaparse de casa. ¡Él, que gozaba de muchísima más libertad que el resto de sus queridos amigos!

¿Os acordáis? ¿Os acordáis de cuando erais adolescentes?

Sé que sí.
 
Seguro estoy que las ansias de libertad de un adolescente y de ruptura con todo lo establecido por las normas escritas y no escritas es, al menos, similar a los sentimientos que en Cataluña se están viviendo.

Pero resulta que tenemos unas leyes que cumplir…

Recuerdo cuando un día bajando hacia la Plaza de mu pueblo, pasando por la puerta de Pando, estando la pareja de la Guardia Civil en frente de la puerta del bar de Juanitillo, un grupo de amigos, yo entre ellos, nos pusimos a cantar aquello de “Mucha policía, poca diversión.”
 
Hoy, treinta y cinco años después, estoy seguro que todos aquellos rebeldes nos sentimos unidos a ese cuerpo de seguridad, a la Guardia Civil, porque velan por nuestra seguridad y por la de nuestros hijos.

¿Qué ha cambiado en esos treinta y cinco años? ¡Que ya no tenemos quince!
 
Cataluña, las personas que viven allí, la gente que respira ese aire cangado de humedad, está viviendo las sensaciones adolescentes que todos hemos sentido y me siento identificado con ellos.
 
Los adolescentes somos personas fáciles de manipular…

"Susana", cantada por el ídolo, Joan Manuel Serrar:  https://youtu.be/huhOindzyXc puede que refleje esa idea de manipulación.
 
Los ideales no dan la vida. Las ideas muestran el camino.

Las ideas no dan de comer. Las ideas señalan la vía seguir.

Pero… ¡Nunca dejes que nadie te imponga las ideas!

Tú, tristemente, solo eres dueño de lo que piensas, de tus ideas, ¡de nada más! ¡Que nadie te las robe o te las imponga!

El banco es dueño de tu casa. El jefe de tu puesto de trabajo. Tus circunstancias familiares son dueñas del tiempo que te sobra después de trabajar…

Reafirmo: Solo eres dueño de lo que piensas. ¡Que nadie piense por ti!
 



sábado, 30 de septiembre de 2017

Un parpadeo

Pasa el tiempo... Pasa la vida…
¡Vive tu tiempo! ¡Vive tu vida!


Está igual.

¿Igual?

¡Está mejor!

¿Qué ha sido de estos treinta años?

Mis recuerdos de ella son de ayer. ¿Ayer? No fue ayer… ¡Hace treinta años!

Su alegría no ha cambiado.

Su inseguridad se ha trocado en serenidad.

Sus ojos azules que ayer me miraban interpelantes hoy me miran compasivos.

¿Compasivos?

Sus ojos son el reflejo de mi alma.

Soy yo quien siente compasión. Compasión por estos treinta años que han pasado sin pasar. Compasión por ser lo que nunca quise ser. Compasión por conformarme con lo que me llegaba, sin luchar por lo que quería. Compasión…

Recuerdo el brillo azul de sus ojos cuando apareció en escena el madrileño. Recuerdo mis sentimientos cuando la veía con él. Duele con el dolor de la herida recién hecha. Duele como la punzante espada que se clava en mi pecho en el momento de perder el duelo. Duele con el dolor de la derrota…

Parece que fuera ayer cuando la hiel estallaba en mi boca inundando todas mis papilas. Siento aun el amargo sabor de sentirse apartado y de saber que no va a haber una segunda oportunidad. Que nunca podré besar esos labios jugosos. Que pude besarlos y no me atreví. Que mi oportunidad pasó y nunca volverá…

Hiel…

¿Dónde están estos treinta años?

¿Dónde?

Hace un momento me preparaba para salir con mis amigos, me miraba en el espejo atusando mi pelo, reparaba en el grano que me acababa de salir…

He parpadeado.

La imagen se ha mudado. Mi cara, antes fina y juvenil, ahora refleja los treinta kilos que he ganado.

Treinta años por treinta kilos. Treinta en un abrir y cerrar de ojos.

¿Qué ha sido de mí?

Ella está fabulosa. Tiene treinta años más que parece no han pasado por ella. Se mueve igual. Camina igual. Sonríe igual… Se la ve feliz.

Un parpadeo… Treinta años en un parpadeo.

Ahí estoy yo, en el reflejo del espejo, con los restos de la pasta de dientes aun en la comisura de mis labios. Patas de gallo en mis ojos. Canas en mi pelo. Y ese olor que ha quedado en el baño después de que mi mujer se haya puesto la mascarilla para dormir…

¿Si parpadeo volveré treinta años atrás?


sábado, 16 de septiembre de 2017

Me siento muy bien

¿Te sientes bien?
¿Qué es lo que tiene valor?


Me siento muy bien.

Hoy ha sido un día completo. Pleno. De esos en los que disfruto de verdad.

A medio día he ido con mi suegro a urgencias. He estado allí con él y mi suegra hasta casi las cuatro de la tarde, hasta cuando el doctor ha decidido qué pruebas le iba a realizar. Entonces me he ido a casa a comer.

No he obtenido nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

He comido, he descansado un poco y a las cinco he ido a casa de Virginia. Me ha dado la llave de su casa esta mañana. A esa hora tenía la visita del instalador de la fibra óptica para llegar a una velocidad de trescientas megas en su conexión de internet. A ella le ha surgido un imprevisto y no iba a llegar a casa hasta las seis. Mi hijo está con anginas, pero le he dicho que lo llevaría al médico a las seis, una vez volviera de casa de Virginia.

No he obtenido nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

Poco después de las seis he llegado a casa y me he ido con mi hijo al ambulatorio para que le mirasen las anginas. En la adolescencia es muy común esta dolencia. Lleva con el antibiótico cinco días y las sigue teniendo igual que el primer día; le duelen un montón. Han tardado en atendernos, pero la doctora que nos ha atendido ha sido muy amable. Le han puesto una inyección de penicilina, ha dicho la doctora que era lo mejor. El pobre ha aguantado las lágrimas hasta que hemos salido del centro médico, entonces ya no ha podido resistir más el dolor de la inyección y se ha puesto a llorar. Casi no podía caminar. Se me rompía el alma. Yo solo le decía que era necesario para mejorar, que lo iba a notar enseguida, que vería como merecía la pena el dolor.

No he obtenido nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

De camino a casa he llamado a mi suegra desde el manos libres del coche y me ha dicho que le estaban preparando el informe de alta a mi suegro para irse a casa. He llegado a casa pasadas las siete y media para dejar a mi hijo y he vuelto al hospital a recoger a mis suegros. A las ocho y media los he dejado en su casa y me he venido para la mía.

No he obtenido nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

Mi hija esta noche quería ver la película de “Doraemon”. Le encanta esa serie y la película de esta noche no la había visto. La he estado viendo con ella. Ella sentada encima de mí, los dos en el sillón. Ha sido una película sobre valores. Sobre la competitividad aplastante de los malos. Sobre los sentimientos de ayuda y solidaridad de los buenos. Dibujos animados para niños de menos de diez años muy educativos.

No he obtenido nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

Ahora estoy durmiéndola. Me ha pedido que le dé mimitos para que se duerma antes. Me encanta tumbarme con ella y ponerle las manos encima para transmitirle energía vital. Ella lo llama mimitos. Yo sé que es mucho más que eso. Es Energía Universal.

No estoy obteniendo nada para mí.

Como durante el resto del día.

¡Pero me siento muy bien!

Esta mañana, en el trabajo, he pactado la rehabilitación social para una familia y he contactado con otras tres para estudiar su caso. Ellos se liberan de las cargas y vuelven al mundo normal. Yo no obtengo nada para mí; bueno, sí, mi salario, pero lo obtendría igual en otro puesto. Éste es muy duro, me encuentro con un mundo de penalidades y sufrimientos que busco eliminar. Muchos, casi todos, aunque pagan un precio muy alto, me dan las gracias.

No obtengo nada para mí.

¡Pero me siento muy bien!

En esta vida no voy buscando el beneficio o el aprovecharme de los de mi entorno.

Me gusta más dar que pedir. De hecho pido poco.

Por eso quizás, cuando alguien de mi entorno no me da algo que a él no le costaría nada, me revelo y lo rechazo hasta el punto de borrarlo de mi lista de personas próximas. Si lo mantengo seguirá recibiendo de mí y no lo merece.

Pero no he de acordarme de los indeseables. Ya están borrados de mi lista y es como si no existieran. En mi mundo solo debe haber personas buenas.

Hoy ha sido un gran día.

He hecho lo que más me gusta: ¡ayudar!

No obtengo nada para mí. Aparentemente no obtengo nada para mí.

Pero siento que recibo más de lo que doy. 

¡Me siento muy bien!


viernes, 18 de agosto de 2017

Don Caradura

Quien no sabe pedir
no sabe vivir.



Dieciocho de agosto. En quince días me voy al pueblo.

Ya no habrá mucha gente, pero aun quedará el fin de semana de la romería y de la feria con los toros.

Tengo que llamar a Bécquer para pedirle la casa. Yo creo que no he hablado con él desde la fiesta del Cristo, pero es que no lo soporto.

Tendré que hacerme el simpático aunque no me salga de dentro. No me apetece nada, me da mucha pereza.

No es santo de mi devoción, pero como no tengo casa me tengo que buscar la vida para poder ir al pueblo y éste con poco que le diga seguro que me la deja, como todos los años.

La verdad es que sale bien tener un amigo así. Hace todo lo que le solicito y me pide poco, y a lo poco que me pide intento escaquearme para no hacérselo.

No es muy listo, no. Así no se puede ir por la vida, si haces todo lo que te piden consigues que se aprovechen de ti. Favores hay que hacer los justos, que aunque creas que no te perjudicas siempre que haces uno sales perdiendo.

Por eso cuando Bécquer me pide algún favor eludo hacérselo. Se lo hago cuando ya no tengo más remedio, cuando tengo que pedirle yo alguna cosa; así evito que me diga que no, no vaya a ser que aprenda y empiece a negarme cosas que necesito, como su casa en el pueblo, que si no me la deja no me puedo pasar los quince días de vacaciones allí.

Este fin de semana tengo que llamarlo y tratarlo de amigo. La táctica es la de siempre, yo no sé cómo no se da cuenta de que lo único que me une a él es lo que de él obtengo. Si no fuera por su casa… ¡Ni lo saludaría! Pero merece la pena hacer el sacrificio y tener casa gratis para mí y mi familia en el pueblo. ¡Sale a buen precio!

Siempre le digo lo mismo: “Si te tengo que dar algo por los quince días dímelo.” Siempre contesta lo mismo: “¿Qué te voy a pedir a ti? Con que me la dejes limpia cuando te vayas es suficiente.” ¡Conmovedor!

Recuerdo que un año, cuando le dije que si le tenía que dar algo, me dijo que le llevase una ensaimada, que hacía mucho que no la comía y que las de aquí son las mejores. Ese año se me olvidó llevársela. ¡Que cabeza la mía! No notó mi ironía cuando le dije que me la había dejado en casa, encima de la mesa de la cocina, que con las prisas para ir al aeropuerto se me había olvidado. ¡Vergonzoso! No se puede ser más tonto, yo creo que se lo hace…

Voy a poner una nota en el frigorífico para llamarlo mañana, el día uno quiero estar allí y cuanto antes se lo diga mejor, no vaya a ser que piense quedarse más este año. Me gusta que mi familia y yo estemos solos en su casa y cuanto antes se lo diga mejor, para que vaya organizándose y se vaya antes del treinta y uno.




domingo, 6 de agosto de 2017

La mirada al horizonte

La luna y tu destino comparten
tu mirada al horizonte.


Ya se empieza a ver. El orto lunar coincide con el ocaso solar. Hay luna llena.

Su silueta anaranjada va apareciendo por el horizonte. Enorme.

La dama de la noche se presenta gigantesca.

Como nuestros sueños.

Como nuestros objetivos, anhelos y deseos.

Perseguimos nuestros sueños atisbándolos en el horizonte, magnificados. Como a la luna.

¿Será eso lo que le pasó?

Se imaginó como sería su vida sin mí. Probó y experimentó a hurtadillas como sería esa nueva vida plena de deseo y lujuria.

Vislumbró en el horizonte su destino, su aparente grandioso destino.

Pero no se dio cuenta del espejismo. Pensó que esa nueva realidad, una vez en ella, sería tan maravillosa, tan estupenda, tan grandiosa como la adivinaba en el horizonte.

Ilusión. Solo tuvo una ilusión. Como lo es el tamaño de la luna cuando aparece por oriente.

Y la realidad, la curiosa realidad, es que el mayor tamaño de la luna en el horizonte es producto de nuestro cerebro, de nuestra interpretación de la realidad, de cómo creemos que son las cosas cuando las miramos.

Cómo nuestras quimeras. Cómo su quimera.

A la luna no la agranda la atmósfera, la agranda nuestro cerebro, que interpreta como más grande algo situado en el horizonte que situado en el cenit. La luna la puedo medir con mi dedo y veré que mide lo mismo cuando está saliendo, anaranjada, que cuando está encima de mí, brillante.

Fue lo que le ocurrió. Extrapoló al todo la pequeña parte que había experimentado furtivamente,  sin darse cuenta que las relaciones con determinadas personas con las que nos cruzamos en la vida son como los alucinógenos, que probados en pequeñas cantidades pueden llevarte al éxtasis  pero en grandes cantidades pueden matarte.

Pero en su ilusión vio su nueva vida, allá en el horizonte, magnífica, fastuosa, radiante…

Y una vez se ha zambullido en ella, en su nueva realidad, ha descubierto su delirio.

Pero en la travesía a su entelequia quemó las naves y no es posible el retorno.

Ahora, con la ropa empapada y la mente despejada por el frío de su existencia, mira a occidente, de donde partió, y, viéndolo también magnificado, se arrepiente de su decisión, de su irrevocable decisión.

Vive en tu luna. Yo prefiero mi tierra.